La manera de evitar un muerto al Cielo es acercarlo a él
José Martí
Lo empujó duro –es un caco ahí plantado- el guardia del hotel hacia la derecha. Jaló su camisa de red y así empapó en la cerveza con agua que aguantaba en vaso de plástico.
Justo después del carnaval, en el intento de ingestión del pecho de un pollo casi sin carne frito en harina y llena la garganta de aguardiente, fue que se ahogó. Subía por el cielo rompiendo nubes primero y luego pisos de cristal aperlados hasta que le detuvo un hombre dorado, calvo, con llaves de rara hechura, como cornetas chinas. “Será San Pedro”. Pensó.
–Tú que vivías en la punta de la cola del mundo, has llegado al paraíso.- Dijo el burócrata de oro.
Le empujó suave con la mano, blandiendo las llaves, a su derecha. Giró sin ver el recién llegado y dio de frente con una obscuridad plana y sin perturbaciones. Quiso detenerse pero ya estaba dentro.
-Soy el guardián de este pozo en el cielo.- Repetía el viejo centinela por los siglos de los siglos por la televisión.
Mostrando entradas con la etiqueta Santo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santo. Mostrar todas las entradas
viernes, 6 de agosto de 2010
San Carlos
-Hasta que no termine no salgo de aquí.-
Desnudo frente a una hilera de libros pesados, envueltos en cuero, fotocopiados, amarillos, oliendo a tinta, impresos ayer, raspados y sucios, Carlos apunta la vista hacia arriba a los libros montados contra la pared. Su ropa cuelga de un arbusto en la calle y el transformador de aquella cuadra. Meses de lectura continua pueden ser programados de aquella línea y es precisamente lo que sabe Carlos. Antes de comenzar a escribir la historia de Colombia, debe de leer la historia de Colombia.
Sus lectores no querrán abrevar de su libro del grueso de una summa medieval.
***
Cuando alguien tiene información mejor que deficiente –esto es, que le sirve no sólo para hacerse de una ilusión de información y así subsanar las reservas de confianza que le permiten desarrollarse en la rutina- y además la hace saber, se le analogiza inmediatamente por medio del sentido común más vulgar como una persona de aspiraciones políticas. Carlos al investigar a las FARC se ha vuelto en su registro escrutador, confesionario de la guerrilla. Cuando Carlos llegó hablándole al público acerca de Colombia y la posición en la que las FARC le han puesto, consumiendo en su totalidad el tiempo que le correspondía como expositor, levantándose porque la energía de su explicación no podía ser contenida en un asiento –ni en una boca-, al bajar del podio las orejas más viejas apuntaron más duro en sus libretas con lapicitos minúsculos y mordidos, para luego parar y doblar en un puñado el apunte en su bolsillo, las más jóvenes guardaron sus grabadoras digitales enganchadas en la bolsa de la camisa, tiraron una foto y escondieron su equipo -¿a qué se debe ésto?-. Otro se le acercó y entre sus dedos le puso una tarjeta, “¿ha pensado lanzarse para alguna candidatura?”, “somos asesores”. A Carlos no le molesta esta gente, porque tampoco le pone atención, ni él a ellos, ni ellos a él.
Desnudo frente a una hilera de libros pesados, envueltos en cuero, fotocopiados, amarillos, oliendo a tinta, impresos ayer, raspados y sucios, Carlos apunta la vista hacia arriba a los libros montados contra la pared. Su ropa cuelga de un arbusto en la calle y el transformador de aquella cuadra. Meses de lectura continua pueden ser programados de aquella línea y es precisamente lo que sabe Carlos. Antes de comenzar a escribir la historia de Colombia, debe de leer la historia de Colombia.
Sus lectores no querrán abrevar de su libro del grueso de una summa medieval.
***
Cuando alguien tiene información mejor que deficiente –esto es, que le sirve no sólo para hacerse de una ilusión de información y así subsanar las reservas de confianza que le permiten desarrollarse en la rutina- y además la hace saber, se le analogiza inmediatamente por medio del sentido común más vulgar como una persona de aspiraciones políticas. Carlos al investigar a las FARC se ha vuelto en su registro escrutador, confesionario de la guerrilla. Cuando Carlos llegó hablándole al público acerca de Colombia y la posición en la que las FARC le han puesto, consumiendo en su totalidad el tiempo que le correspondía como expositor, levantándose porque la energía de su explicación no podía ser contenida en un asiento –ni en una boca-, al bajar del podio las orejas más viejas apuntaron más duro en sus libretas con lapicitos minúsculos y mordidos, para luego parar y doblar en un puñado el apunte en su bolsillo, las más jóvenes guardaron sus grabadoras digitales enganchadas en la bolsa de la camisa, tiraron una foto y escondieron su equipo -¿a qué se debe ésto?-. Otro se le acercó y entre sus dedos le puso una tarjeta, “¿ha pensado lanzarse para alguna candidatura?”, “somos asesores”. A Carlos no le molesta esta gente, porque tampoco le pone atención, ni él a ellos, ni ellos a él.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)